sábado, 4 de agosto de 2007

Adictos a la emoción

Como primerizas que somos, cuesta soltar la palabra propia y acudimos hoy al señor Henry Miller. Acá va un párrafo de uno de sus "Trópicos..." y díganme si a alguno de vosotros no os sienta como un desgarro visceral el leer esto, ya sea por estar viviéndolo o recordándolo: todos pasamos por esta alguna(s) vez(veces), la terrible sensación de descubrir, brusca o paulatinamente, que el topacio deslumbrante que teníamos al lado, la joya perfecta que iluminaba nuestras vidas, no era más que una bijouterie, bonita tal vez, pero una más, como un anillo seriado made in corea. Da angustia caer en la cuenta de que el esplendor que engalanaba al otro no era sino un préstamo de nuestra mirada.


"...Por efímero que sea el amor, ¿podemos decir que ha habido una pérdida? La única perdida posible (¡y qué bien lo sabe el amante auténtico!) es la falta de ese afecto imperecedero que la otra persona inspiraba. Qué día gris, deprimente, ominoso, aquel en que el amante comprende de pronto que ha dejado de estar poseído, que está curado, por así decir, de su gran amor. Cuando lo califica, aun inconscientemente, de locura. La sensación de alivio causada por ese despertar puede hacernos creer, con toda sinceridad, que hemos recuperado la libertad. ¡Pero a qué precio! ¡Qué libertad tan pobre! ¿Acaso no es una calamidad volver a mirar el mundo con la visión y cordura cotidianas? ¿Es que no es desgarrador verse rodeado de seres conocidos y vulgares? ¿Acaso no es aterrador pensar que debemos continuar, pero con piedras en el vientre y grava en la boca? ¿Descubrir cenizas, nada más que cenizas donde en tiempos hubo soles abrasadores, maravillas, glorias, maravillas y maravillas, y todo aquello creado espontáneamente como por arte de magia?Si hay algo que merezca el calificativo de milagroso, ¿no es el amor? ¿Qué otro poder, qué otra fuerza misteriosa existe que pueda infundir a la vida esplendor tan innegable?..."


Aplusos, aplausos. Pero ahora digo yo: sí, en principio el mecanismo de idealización hace que cualquier cosa que pudiera provocar un desencanto a la ilusión de que el otro es un ser casi sobrenatural, capaz de llenar nuestra vida, pasen a último plano. No es que no se vean los detalles molestos, simplemente qué pueden importar, si a cambio, amor mío, provocas un sol dentro de mí que arde como mil soles. La gloria en estado puro.


Sin embargo, no es ninguna novedad que esta es una ilusión con fecha de vencimiento, efímera, destinada a la disolución, por su propia naturaleza. No sé qué pensarán ahí, pero creo que este man no habla del amor, sino de una versión de éste altamente "producida", emperifollada cual adolescente en sábado a la noche: sí señores, el "enamoramiento". Y pienso que el baile viene a partir del cuando y el cómo se descorre el velo, y cómo aprender a vivir sin los fuegos artificiales y las sobredosis de endorfinas que nos suscitaba ésa/e que pasó de la categoría de musa, ninfa, adonis, a simple mortal, anillito coreano, o queridísimo ser humano. Hay gente como Henry, adicta al vértigo, a la arrolladora emoción del enamoramiento, y sentirse así es como estar en la cresta de la ola de la felicidad. Fantástico. Pero no poder tolerar el descenso de la ola, la sencillez de un instante, lo cotidiano en la vida... No, monsieur, les aseguro que no hay adicción más cara que ésa.

1 comentario:

EL INSTIGADOR dijo...

A mi Henry me ha emocionado mucho, pero considero que el verdadero amor nace después del enamoramiento febril que te deja aturdido. El tiempo, la convivencia, el respeto mutuo y mucho cariño de verdad, asientan el amor y lo convierten en algo maravilloso.

Gracias por leerme y por ende, por poder leerte. Seguiré causándote acidez, no lo dudes.

Un saludo a Argentina, donde volveré en cuanto pueda.